2024: un abril rebelde con 30 Días en Bici

La bicicleta es una provocación directa a las normas impuestas por la tiranía motorizada. Se convierte en un acto de resistencia, un grito desafiante contra la opresión en el asfalto y la dictadura del tubo de escape, una rebelión. Y vamos a vivir un abril rebelde con 30 Días en Bici.

Empecemos con un reconocimiento importante. Cada calzada atestada de vehículos aparcados, cada acera estrecha y con obstáculos, cada carrilbici infame, son la representación física de la política, un recordatorio en cemento y asfalto de quién tiene el poder para moldear nuestras ciudades. Sin embargo, no son meras construcciones: son herramientas de control de los comportamientos y de disciplina ideológica para nosotros y nosotras que vivimos inmersas en ellas. El asfalto encorseta hasta las ideas sobre la ciudad que manejamos las cuales, emanadas del shock cochista de los años 20 en Estados Unidos, perpetúan todavía hoy en nuestras ciudades esa fiebre del coche de principios del siglo XX.

Y tan atrapados estamos por este sistema que privilegia el dominio del automóvil sobre nuestras calles y mentes, que la re-evaluación del uso de la bicicleta se pretende hacer dentro de ese molde normativo de la movilidad motorizada, como una invitada al festín urbano del dios coche.

Jóvenes manifestantes contra el CC - un abril rebelde con 30 Días en Bici

Adiós a los privilegios, conflicto asegurado

Impulsar el cambio urbano en este contexto, como dice Janette Sadik-Khan, es un desafío al statu quo urbano, que inevitablemente conduce a una batalla colosal. La lucha emerge como una respuesta natural porque el cambio urbano implica desafiar los privilegios arraigados de las personas que abusan del automóvil. El statu quo, respaldado por décadas de infraestructuras y políticas procoche, no cederá fácilmente ante la amenaza de una transformación significativa.

El cambio urbano es sinónimo de conflicto, ya que implica cuestionar no solo la infraestructura física, sino también el tejido mismo de un sistema que ha priorizado el vehículo a motor sobre otras formas de movilidad. No se logra ningún cambio sin amenazar los privilegios del coche, no es posible.

A veces parece que estamos solos. Los mass media, (atrapados entre unas amistades peligrosas con sus anunciantes de la industria automovilística, sus agendas políticas ocultas y la peligrosa deriva de la profesión que hace caja con el amarillismo vía clickbait) crean una tormenta perfecta de continuas noticias exageradas e incluso inventadas para abrir el diario con el equivalente a “un asesinato cada día”. Y, como señala esta frase de Andrew Gilligan, los mass media siempre van a dar voz a esa minoría gritona que cree que sus vidas se van al garete cada vez que se pacifica una calle, se elimina una plaza de aparcamiento o se construye un carril bici más.

El clima es hostil, ¿qué se puede hacer? ¡Un abril rebelde!

En primer lugar, necesitamos pararnos y pensar out of the box. Trascender el cochecentrismo implica reconocer que la movilidad masiva motorizada no fue un accidente, sino el resultado de decisiones políticas específicas que, históricamente, han sido guiadas por visiones de una sociedad capitalista, ultraliberal, crecentista y extractivista. Invertir este curso histórico hacia la movilidad activa requiere una acción ciudadana y política consciente y contundente y ahí vamos a empezar a dar la batalla, con nuestras pedaladas diarias y cotidianas.

La Ciclomovilidad no es simplemente un cambio numérico en la cantidad de bicicletas; es una declaración de guerra contra la movilidad motorizada, una demanda de equidad, redistribución y decrecimiento, y un desafío directo a las clases privilegiadas por el reinado del automóvil y su velocidad injusta, poniendo en primer plano el valor de la vida humana, desafiando la arrogancia de las cajitas de metal con ruedas y abrazando una nueva ciudad hecha a escala humana.

Por eso, este abril os necesitamos en cada calle, rebeldes, pedaleando para alcanzar ese cambio que todos y todas deseamos. Nos sobran las razones. ¡Bicicleta o Barbarie!

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